El momento

El día de ayer, al estar en un vuelo de Interjet, me percaté de manera verdadera lo absolutamente fatigado que me encontraba, una fatiga que por lo que noté en mi deducción, lleva conmigo desde hace ya mucho tiempo y nunca le había puesto atención hasta el día de ayer, mientras observaba el cielo y las nubes desde la ventana de mi avión.

Esto, ahora sé, es algo que es algo que me ha robado muchos años de mi vida y que ha desaparecido de mi percepción muchos momentos invaluables que han sido opacados por mis ridículas prisas y preocupaciones, que ahora entiendo que la mayoría de ellas están fundadas en intentar complacer a las personas, algo que por más que quisiera es imposible, además de ser una verdadera pérdida de tiempo, debido a que a la mayoría de las personas no les importa ni un mínimo grado el complacer a uno.

Al hacer un recuento mental, he podido ver cuáles son los momentos que mas gusto me han dado a lo largo de mi vida; han sido momentos de suma sencillez y con compañía muy selecta, ya que a lo largo del tiempo me he dado cuenta de que no me gusta la compañía abundante, ni la presencia de muchas personas donde me encuentro, ya que la vida es muy corta para perder el tiempo en cuestiones innecesarias y extras.

Una de las actividades que me causan mucho placer es el atender y cultivar mi jardín, ya sea en compañía de mi esposa o simplemente yo solo, ya que siempre he dicho que la convivencia entre el hombre y la tierra es una muy profunda y esencial para tener una buena conexión con el autor del universo, quien estoy seguro que se esmeró en una buena medida al diseñar la flora del mundo.

Pocas cosas son tan placenteras para el alma como el trabajar cuidadosamente un pedazo de tierra y ver como se tapiza con vida y color, así como  el modo en el que invita la fauna a tomar residencia en aquello que se ha cultivado con nuestras propias manos, haciendo lo que un día aquel que ocupa el asiento más alto se esmeró en hacer.

Debo decir que en cuanto a mi jardín se refiere, disfruto de la misma manera el plantar y el cosechar como el recoger y el cortar, ya que ambos procesos son versos del mismo poema y fotografías distintas de un mismo momento, donde el trabajo y el placer conversan armoniosamente.

Pocas cosas en la vida son tan gratificantes como el ver a pequeños pájaros nacer en un nido posado en las ramas de un árbol o arbusto plantado con nuestras propias manos, a quien le conocemos todas sus virtudes y dificultades.

Otra actividad que me he dado cuenta que disfruto a groso modo es el ver el contemplar el fuego de una fogata en una tarde obscura o en la noche, cuando las llamas al crujir otorgan mensajes muy especiales a quien sea que esté dispuesto a escuchar.

La vida es tan solo un momento que hay que disfrutar.

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